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Miquel Alonso’s Blog

noviembre 20, 2009
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la 3era pregunta vital

noviembre 2, 2009

Ayer viví la tercera pregunta vital de mi vida. La reconocí en el acto. No estaba preparado, aún no tocaba. Pero fué una encerrona por sorpresa, no tuve tiempo de huir, lo prometo.

He aquí brevemente la teoría de las preguntas vitales, puede que no sea muy científica, pero empíricamente la puedo demostrar. Me detendré en la tercera, más que nada porque no sé del cierto cuales son las siguientes. Acabo de empezar la tercera, así que en este momento de sorpresa y sobrecogimiento, del que tardaré en reponerme y superarlo, no puedo plantearme cuales serán las siguientes.

La primera marca el final de la primera etapa de la vida. Esta etapa empieza con el inicio de la vida misma. Y termina con la primera vez que un niño te hace esta pregunta:

- Señor, ¿me puede decir la hora?

SEÑOR?!?!?! Per si soy joven, muy joven. Oye chaval ¿porque me tratas de usted?, y lo peor, ¿por qué me llamas señor? ¿No ves que visto muy moderno y todavía salgo de noche?

En ese preciso instante se toma conciencia que uno ha dejado la primera etapa inocente, inconsciente y feliz de la juventud. Ahora ya eres un señor, un carroza, un pureta. Tus gustos musicales están desfasados, la ropa de moda que vistes resulta que no lo es. Ese peinado que se lleva ahora que te hiciste la semana pasada para actualizar tu imagen, no pega nada con un carroza como tú…

La segunda pregunta no impacta la primera vez que te la formulan. Lo que impacta es la cantidad de veces que te la hacen las abuelitas y las amigas de tu madre:

- ¿Y ya tienes novia?

Como se formula una cantidad incontable de veces, según la temporada o lo en racha que se esté la respuesta varia. Desde el clásico NO hasta un tímido sí o un bueno algo hay.

Y la tercera, que descoloca más que las 2 anteriores juntas:

- ¿Y tú tienes hijos?

Y piensas, que estoy soltero y sin compromiso, pero si todavía salgo por las noches, ni siquiera tengo pareja. ¿Que voy atrasado con el reloj de la vida? No me veo cambiando pañales. Pero si hago la misma vida que cuando iba a la universidad, que hallan pasado 10 años no me ha cambiado nada, si tengo la misma cara, tal vez un poco más de barriga y menos pelo en la cabeza, y si salgo de la discoteca cuando cierran al final de la noche estoy cansado, que en la universidad todavía quedaban más ganas de fiesta, no estaba cansado, y ya no bebo cualquier cosa, ahora sólo alcohol del bueno, no soporte el botellón. Bueno, que aparte de estas pequeñas diferencias soy el mismo de siempre. Que casi todos mis amigos estén casados y tengan niños no quiere decir que haya llegado esa etapa de la vida que hemos de tener niños… ¿O sí? Vamos hombre no fastidies…

Inexorablemente la vida continua, paso a paso, día tras día, nos acomodamos en una forma de vivir y no nos damos cuenta que el mundo sigue girando a nuestro alrededor. Nuestra velocidad es menor que la suya y nos quedamos atrás, pero no somos conscientes que estamos fuera, creemos en lo que nuestra mente nos hace creer, es más cómodo. Hasta que un buen día, de repente, impactando contra nuestro feliz por ignorante corazón, una persona de forma inocente nos saca de nuestro somnolente estado y nos coloca de un plumazo otra vez sobre la ola recibiendo todo el viento en la cara y la brisa, fria y cortante, en el cuerpo desnudo, no preparado para este nuevo momento, nuevo porque es en este preciso instante cuando tomamos conciencia de él. Puede que ya lo estuvieramos viviendo o puede que debieramos estarlo viviendo pero seguiamos anclados en otro anterior.

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